Lo que me pidió, lo voy a escribir en XIV puntos, como si fuera un manifiesto:

  • La torpeza funciona como lenguaje de la no precisión para establecer una conversación a través de la empatía.
  • La metáfora sin sentido de las formas ideales suplanta la palabra para relacionarse con el pensamiento del otro.
  • El vacío es el lugar del encuentro, en él surgen la escritura y el pensamiento, la alteridad y la belleza para ver y ser vistos.
  • La obra es un irónico intercambio de semejanzas, revive recuerdos valiosos a la vez que crea un conjunto de evidencias.
  • La necesidad de compartir opone el espacio de la conversación al distanciamiento de la soledad.
  • El trabajo es metódico pero intuitivo, remite al movimiento circular del juego como alternativa al trabajo útil.
  • El gesto juega con la incertidumbre para evadir el deseo de intencionalidad, define inconscientemente los limites del vacío.
  • La nada es tanto complejidad como sencillez, contiene a la naturaleza y a las ideas, es la sólida obsesión de la creación.
  • La percepción es la presencia de un movimiento de la realidad en la mente a través de una dualidad representativa.
  • La repetición disciplinada de un mecanismo obsesivo configura un espacio seguro para la interacción.
  • El modelo es un concepto primitivo extendido, la estructuración de un capricho en un mundo normativo.
  • La combinación de permutaciones esquemáticas dicta la gramática progresiva de un capítulo del pensamiento humano.
  • Los objetos apenas vistos en el mundo se repiten en el espacio para aislar sus diferencias.
  • La locura corresponde a la proliferación metódica de asociaciones que abarrotan la realidad.

Anabel Rimoti

 


 

“Para ver una cosa hay que comprenderla. El sillón presupone el cuerpo humano, sus articulaciones y partes; las tijeras, el acto de cortar. ¿Qué decir de una lámpara o de un vehículo? El salvaje no puede percibir la Biblia del misionero; el pasajero no ve el mismo cordaje que los hombres de a bordo. Si viéramos realmente el universo, tal vez lo entenderíamos”.

There are more things

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo

Alberto Miani representa sillas. No sólo porque su nombre está irrevocablemente asociado a esos objetos, sino también por el origen de esa razonable asociación: su pericia maniática para hacerlas aparecer. Y es que no lo ha hecho una o dos veces. Se trata de innúmeras sillas que abarrotan su taller: sillas bidimensionales de diminuta magnitud, plasmadas sobre papel; sillas enormes y pesadas, aprehensibles por el tacto, hechas de yeso, madera, tiempo; sillas rectas, sillas díscolas, hechas con maderitas y alambre; sillas inútiles y funcionales, sillas invisibles, coloridas, modernas, posmodernas; sillas a las que les viene bien casi cualquier adjetivo y que han suscitado ya dos visitas al psiquiatra (el primero incumplió el juramento hipocrático).

Sin duda alguna se está en presencia de una representación neurótica, pero definitivamente metódica. En la proliferación de sillas existe locura, pero es una locura organizada en la forma de sistema. El trabajo de Miani no ha de señalarse como síntoma de aquella terrible enfermedad del arte en nuestros días: la propensión a disimular la ausencia de sentido en el camuflaje del discurso que, de manera artificiosa, inventa un sentido para el sinsentido.

Miani se explica: “La idea, en un principio, fue pensar sobre la gente, sin dibujar gente”. No me parece inverosímil que Miani –infortunadamente desprovisto del don de la arrogancia–, esté pensando sobre mucho más que la gente o el espacio, y que donde nosotros vemos sillas, gente o espacio, él esté viendo mucho más.

Samuel Baena Carrillo

 


 

“Letting a thing come, rather than creating it –no assertions, constructions, formulations, inventions, ideologies– in order to gain access to all that is genuine, richer, more alive: to what is beyond my understanding.”

Gerard Richter

Si a mi me preguntaran si hay algo en común entre el modo de operar de Alberto con el de alguien que juega con dos dados, yo diría que no: Alberto dibuja con un lápiz en papel, y aquel que juega con dos dados, no está haciendo ningún dibujo porque está ocupado jugando. Sin embargo, si hay ciertas semejanzas entre la actividad del jugador de dados y Alberto: mientras que uno no sabe cual número va a aparecer cuando tire los dados, el otro no sabe cómo va a quedar el próximo dibujo; de todos modos aquel que juega a los dados sabe que el número que va a aparecer está entre dos y doce. De esa misma manera Alberto sabe que su próximo dibujo va a estar lleno de sillas.

No hay que dejarse confundir, el hecho de que repita siempre el mismo gesto con el lápiz no significa que esté haciendo siempre lo mismo: al contrario la repetición es una técnica que le permite eludir la intencionalidad, dejando que el azar de lugar a lo inesperado. Aunque las sillas se repitan, ninguna es igual a la otra: unas tienen las patas más largas que otras, unas son más grandes que otras, y a algunas les hace falta una pata; lo que parece dejar claro este detalle es que hay siempre una brecha entre lo que queremos hacer y lo que finalmente hacemos. En las diferencias entre una silla y otra, brota el inconsciente: por medio del gesto de la repetición Alberto sustituye el deseo de hacer algo, por el deseo de ver qué va a pasar.

Sergio Román 

 


 

Inerme, dispuesta en la inmensidad de la nada y acompañada por si misma se encuentra la consumada silla bien lograda. En ella, una cantidad de cuestionamientos que afirman la complejidad de su sencillez. Apela a la idea, a su concepción más básica y abstracta, a su naturalidad, y no como utensilio, sino mas bien como ella, la silla.

No hay nada que esperar sino esperar, sentarse, pensar y contemplar lo que seguramente no será un acto revelador, aunque pensándolo bien no hay cosa más bella que el aprecio inducido por la repetición y el ímpetu de encontrar en lo aparentemente mundano todo un universo. Pero si, es ella, sola, observando y siendo observada, esperando, multiplicándose una y otra vez, mientras él, paciente, observando y siendo observado, espera y se multiplica una y otra vez.

– Disfrazado de silla –

El bloque espeso, pesado y perfecto, contiene la idea de la solidez que con contundencia retrata y completa la imagen de un evidente caso de obsesión. Él, que no dice mucho, está parado frente a lo que seguramente llama su creación, pero que a mi parecer (e insisto de sobremanera) es todo lo contrario. Él, Alberto, Renato o como le prefiera llamar, es creación de la silla, él es, en ella, solo, observador y observado, esperando, multiplicándose una y otra vez, su propia afirmación.

Juan Pablo Gaviria Bedoya

 


 

Esas sillas. Las putas sillas de Alberto Miani. Están todas. Y cada vez salen más todavía. Quizás algún diá se suba encima de una de ellas y se resbale y se caiga y se parta el cuello y se mate. 

La recopilación de este mueble modelo en toda su tipología no responde a un proceso de edición. No tiene filtro. No hay una normativa estética a la que se esté suscrita. No hay discriminación. Solo hay una extensión serializada de ese concepto básico. Es la adaptabilidad del plano bidimensional al plano tridimensional por medio de algunos -casi siempre cuatro- puntos de apoyo que elevan la superficie. Esta superficie es ahora fría y rígida, y sobre ella nos reposamos para adaptarnos al mundo ortogonal que habitamos y creamos simultáneamente.

Son todas las sillas que puedan existir. Y siguen apareciendo. Sin esfuerzo. No son producto de una obstinación por reunirlas. Siguen más bien un capricho en el que se llega a un estado automático de reproducción, a través del cual alcanza variaciones desprevenidas de una estructura que es siempre a primera vista elemental y fija. 

Cada una es la superficie elevada sobre la cual osamos descansar y a la vez vencer la gravedad que nos jala hacia el piso sin hacer un mayor esfuerzo. Es esa la seguridad que nos protege de nuestra condición primitiva. Nos civiliza, y nos sitúa en ese estrato normativo que nos aleja de la naturaleza, del mundo en el que alguna vez fuimos concebidos y al que rara vez volvemos. 

En el dibujo, la silla es pictograma de un objeto utilitario, y casi como una forma alfabética es reconocible en todas las amaneraciones que Alberto les genera. Pero solo hay sillas. Solo hay sillas por ocupar.  

Ernesto Soto Madriñán

 


 

La metáfora suele ser definida como un recurso literario en el que una cosa es descrita como otra: el tiempo es un río, sus ojos son estrellas, Julieta es el sol. Es una forma distinta al símil ya que el símil llama la atención sobre el hecho de que una comparación inusual se está trazando al incluir el adverbio ‘como’, del mismo modo que “el tiempo es como un río”. Aunque es solo una palabra, la diferencia es altamente significativa. Sin el elemento que llama la atención sobre sí mismo, la metáfora crea un error de categoría; una combinación de conceptos que, si se toman literalmente, crean sinsentidos. Este, se puede argumentar, actúa como un provocador de pensamiento y un reto a la categorización convencional, implicando que opera en un nivel de pensamiento más fundamental. Puesto que la metáfora está dislocada, o disloca predicamentos al combinar conceptos inapropiadamente, se ve como un medio para desafiar los límites con los que un sujeto se define a sí mismo en relación a otro.

Cada postura está investida con su propio grado de significación social y una serie de convenciones, incluyendo coacciones al cuerpo. En la mayoría de los casos, debe soportar adecuadamente el peso a una determinada altura, que además permita que las piernas cuelguen y los pies toquen el piso. En esta postura convencional, el peso de la cabeza y del torso se desplaza hacia los huesos de la pelvis y la cadera. El eterno problema asociado con esta relación física es que sin importar cuánto se suavice, la presión de lo huesos eventualmente se sentirá incómoda en la piel del trasero. Básicamente, esto resulta en un cambio de posición, algo que en promedio se hace cada diez o quince minutos. En efecto, cuanto más exacto el soporte estático para la postura ideal de la complexión promedio, más se garantiza una incomodidad y, por consiguiente, stress psicológico a anatomías no-estándar y, por supuesto, a quienes no desean asumir dicha postura en particular. Por lo tanto, es seguro decir que, pese a la importancia de un soporte correcto, más crucial es permitir que el usuario pueda mover sus piernas libremente y modificar su postura frecuentemente. La extraordinaria diversidad existente, la variedad de funciones y la variabilidad anatómica se debe, justamente, al hecho de que no hay formas ideales. Solo existe un silencio, un indefinido que es transformado por nuestras facultades terrenales y sensoriales en experiencia y percepción. Es la naturaleza transformacional la que hace de la percepción, una metáfora. Así como una metáfora consiste en la relación de términos disímiles, ej. “el tiempo es un río”, así la percepción involucra el movimiento libre de un campo a otro.

Pedro Mesa

 


 

La ironía en un dibujo: Ideas sobre una obra de Alberto Miani

Una noche en una reunión, intercambié dibujos con Alberto. Yo pinté una versión de «Nessie» y Alberto pintó su versión del «edificio de Batman» y cada uno se lo dio al otro. Yo aún tengo el dibujo del edificio debajo del vidrio de mi escritorio y cuando lo veo, además de acordarme de la fiesta, rescato lo completo del dibujo en medio de la simpleza de los trazos.

El edificio Batman está en el centro de un papel pequeño, en el que hay una calle y el edificio cuya punta tiene una forma similar a la de la famosa máscara del personaje. La referencia al símbolo del entretenimiento que es Batman es irónica, en el sentido en que tal edificio no existe en el cómic y no podría existir pues pondría al superhéroe en evidencia. Creo que en esa referencia irónica está implícito el buen sentido del humor que siempre le he reconocido a Alberto y eso me parece que hace muy valioso al dibujo.

Además de esta pequeña obra, en la pared de mi cuarto hay otra de Alberto. Es un conjunto de sus sillas dibujadas con esfero. En el caso de esa obra, que también me gusta mucho, el intercambio fue monetario porque mis habilidades artísticas no son suficientes para hacer algo digno de ser intercambiable por esa obra que también es llena de gracia.

Jorge Alejandro Cárdenas

 


 

Alberto tiene un taller dentro de una oficina. La comparte con un amigo en común que se llama Sergio y que también dibuja. Por un mes, más o menos, también la compartió conmigo para hacer una serie de pinturas entre los dos. Soy pintor y pienso que la pintura es un acto que necesita de soledad absoluta. Así que este ejercicio a cuatro manos significaba una posibilidad de cambio y una ruptura en mis dinámicas de trabajo. En el taller de Alberto, al contrario de la soledad que necesito para concentrarme, siempre hay otra gente. Hay ruido, hay una mesa, hay varias sillas y es un espacio amplio para compartir y estrecho para trabajar cuando el cuerpo necesita moverse y desenvolverse en ese espacio. Alberto trabaja sentado, rodeado de gente y de humo. De esa forma trabajé con él, feliz de salir del silencio y del estado constantemente cuevil en el que yo lo hago. (Pienso ahora que este texto debería ser sobre Alberto y lo estoy haciendo, por oposición y ausencia, sobre él). También pienso y lo pensé cada día que fuí a trabajar con él en lo que yo necesito y en lo que él necesita; sus dibujos en los que de distintas formas, líneas continuas, líneas de palitos, dibujos figurativos breves que se acercan a la abstracción y que hacen como dijo Alberto un día, sillas y vacas que son lo mismo. Esos dibujos que hace y esas pinturas que hicimos eran lo que podíamos hacer en un ambiente de amistad cálida, donde los vidrios, pinceles y colores siempre estaban sucios, donde teníamos poca distancia para ver las pinturas de lejos y poco espacio para usar el cuerpo y no solo las manos. Los cuerpos también, siempre sentados, en conversaciones, fuera de ellos en la lengua y nunca en recogimiento. A veces, me parece ahora, el dibujo y la pintura requieren oportunidades distintas para el cuerpo. En algunos dibujos opera la mano y se puede estar sentado, en algunas pinturas opera todo el cuerpo y el espacio entre el cerebro -o lo que se piensa o lo que se espera hacer- y la manos, o las direcciones imprevistas que su voluntad puede tomar -o no- y el papel o la tela (en este caso usamos un papel que imitaba la tela) en donde se depositan esos…¿deseos? cambia siempre según las condiciones. Tal vez esa digresión de la pintura hecha como el dibujo sea la constante de nuestra serie de pinturas Relaciones íntimas.  

Jose Sarmiento Blanco

 


 

Siempre me ha gustado pensar en la torpeza. Nunca se puede separar de un gesto empático y simpático, por lo menos no en mi caso.

Alberto Miani enmarca lo bello de la torpeza como un método de lenguaje. El método, justamente depende del oficio que se ha puesto e impuesto el artista y de cómo lo lleva a cabo. Pensar en los trazos simples y complejos, torcidos y ceñidos, nos demuestra claramente -tanto en la pintura como en el dibujo- su planteamiento sobre la repetición de la no precisión y de la preocupación por la espontaneidad y el azar. Nos dibuja y nos desdibuja herramientas que crean espacios habitables o imaginarios, conversaciones sobre la presencia y la ausencia, interpretaciones sobre los gestos y las posturas.

Un lugar, una posición y un mueble.

El no lugar, la posibilidad de posición y el mueble incompleto.

Miani logra que el espectador establezca una relación con su obra gracias a ese método que dialoga con nosotros (o con algunos), para ver lo que nos muestra con sus ejercicios de observación y percepción.

Hoy y todos los días veo y pienso sobre la linda, lindísima intención de torpeza en la obra de Alberto. Siento empatía y simpatía.

Laura Sofía Arbeláez

 


 

Dibujar requiere de un ejercicio de percepción. La mente dirige el movimiento de la mano trazando líneas que forman una impresión reflexiva de la realidad. Alberto nos presenta sillas cuya continua repetición sugiere que son percibidas como representaciones de la presencia humana. La silla es un elemento útil de uso individual diseñado por y para los humanos. Cuando vemos una silla, o en su defecto un inodoro, inevitablemente pensamos en la presencia del individuo que está ausente. A partir de la reproducción Miani nos muestra lo que no está, una dualidad entre lo presente y lo ausente.

Conjuntamente, estos dibujos demandan constancia, así se trate de sillas que se completan con poco más de seis trazos. Esta obsesiva repetición muestra una investigación minuciosa y contemplativa en que un mismo elemento se ve simplificado, deformado, agrandado, achicado, reinventado. No parece fortuito que Alberto haya empezado su rumbo como diseñador. Por último, en la meditación la repetición de sonidos articulados tiene como finalidad espiritual conectar la consciencia con el subconsciente en la búsqueda de la trascendencia del ser. Como la repetición de un mantra, el acto de repetición de Miani es un acto meditativo en que la contemplación lleva a una reflexión más allá de lo formal.

Luisa Valderrama

 


 

La repetición es uno de los mecanismos más efectivos para generar seguridad: construir hábitos, rutinas y comportamientos constituye un componente fundamental de cualquier ejercicio que se pretenda disciplinado, así sea dibujar sillas. No necesariamente una variedad de sillas distintas; dibujar sillas que son una única silla, la silla si se quiere. Muchas, pocas, una sola. Apenas garabateadas, representadas cuidadosamente en el espacio del plano o materializadas en escultura. El ejercicio de Alberto Miani es una obsesión que carga consigo un componente lúdico. Dibujo a dibujo se crea un conjunto, como silbido a silbido se crea una melodía: es como si en una calle oscura y desierta un transeúnte silbara para sentirse acompañado. Miani silba a través de los dibujos y los objetos, que en su conjunto le hacen compañía en esta búsqueda que arbitrariamente orbita alrededor de un mueble, pero que pregunta tal vez por personas implícitas.

Antonio Castles Gómez

 


 

Todos los que conocemos a Renato Alberto Miani sabemos de su asunto con las sillas. ¿Es algo serio? Si. Desde hace un tiempo él está trabajando en un libro en el que desmonta la gramática estructural de esa silla esquemática que le quita el sueño, la de madera de cuatro patas rectas y dos tablas de igual medida para el espaldar y el asiento. Lo que pasa en el libro es que en lugar de líneas de texto para títulos, oraciones o párrafos, hay líneas negras y gruesas, que son patas, y en vez de ilustraciones y fotografías, hay cuadros negros, que son espaldares y asientos. Existen capítulos que ordenan las posibles combinaciones, progresiones o permutaciones entre líneas negras y cuadrados negros, pero estos no obedecen a operaciones estrictamente matemáticas ni por supuesto lingüísticas, sino a muy juiciosos ejercicios de composición editorial. Lo preciso, meticuloso y certero de la tarea de nuestro amigo lo emparenta con Joseph Kosuth y su obra una y tres sillas, con la idea de George Perec de desmontar un pensamiento humano -el de pedir un aumento de salario al jefe de servicio- mediante la descripción de absolutamente todas las posibles situaciones a las que se enfrenta, y a la vez lo emparenta con un luchador de la WWF que le rompe una silla en la espalda a su contrincante. Pero precisamente la devoción de Renato en este documento de InDesign, al que le trabaja sentado en una silla, también lo pone como una rarísima evidencia que parece hacer irrefutable la tesis de Hajo Eickhoff en la que afirma que estar sentado en sillas es una forma radical de incomunicación.

Nicolás Vizcaíno Sánchez

 


 

Agradable a la vista

“Dibujar es mirar, examinar la estructura de las apariencias. El dibujo de un árbol no muestra un árbol sin más, sino un árbol-siendo-contemplado. Mientras que la visión de un árbol se registra casi de forma instantánea, el examen de la visión de un árbol (un árbol-siendo-contemplado) no solo toma minutos u horas en vez de una fracción de segundo, también supone, proviene y remite a previas experiencias del mirar (…). Así es como el acto de dibujar niega el proceso de las desapariciones y propone la simultaneidad de una multitud de momentos” (Drawn To That Moment, John Berger).

Miani no dibuja árboles, pero dibuja sillas: también objetos apenas vistos, invisibles por su cotidianidad, por su repetición en el mundo y en el espacio, cosa que él luego reproduce en el papel. Los árboles y las sillas reclaman la atención solo en ciertos instantes, o la tienen por obra de alguien que, representándolos aislados, enmarcados, enaltecidos, nos obliga a observarlos. Aunque Miani dibuje vacas, gatos, rostros, formas abstractas e incluso paisajes, son sus sillas las que, hasta hoy, han quedado estampadas en la memoria de quienes conocemos su trabajo. Pero más allá de la imagen de estas sillas, de las sillas-siendo-observadas, hermosas por su simpleza, no hay mucho más que decir, pues se trata de un ejercicio formal, no conceptual –no quiere serlo–, basado en la repetición. El encanto está en las pequeñas diferencias que aparecen tras el acto de repetir sinuosamente cada trazo, cada contorno de un objeto casi abstracto que va apareciendo en multitud, o a veces solo, en un espacio limpio: el vacío que señala aun más la aparición repentina de una sola silla inútil, pero de alguna forma absolutamente estética. Agradable a la vista.

Sara Malagón Llano

 


 

PENSÉES POUR UNE CHAISE VIDE (?)

Pour la nouvelle année, – Je vis encore, je pense encore : je dois vivre encore, car je dois encore penser. Sum, ergo cogito : cogito ergo sum. Aujourd’hui, chacun s’autorise à exprimer son voeu et sa pensée la plus chère : eh bien, je veux dire, moi aussi, ce que je me suis aujourd’hui souhaité à moi même et quelle pensée m’est venue à l’esprit la première cette année, – quelle pensée doit être pour moi le fondement, la garantie et la douceur de toute vie à venir ! Je veux apprendre toujours plus à voir dans la nécessité des choses le beau : je serai ainsi l’un de ceux qui embelissent les choses. Amor fati : que ce soit dorénavant mon amour ! Je veux pas faire la guerre au laid. Je ne veux pas accuser, je ne veux même pas accuser les accusateurs. Que regarder ailleurs soit mon unique négation ! Et somme toute, en grand : je veux même, en toutes circonstances, n’être plus qu’un homme qui dit oui !

*

Il ne voulait pas me voir, mais me demanda d’écrire sur son oeuvre et donc sur lui. Il se souvient du français. Sa syntaxe, quoique précaire, concerve le souvenir d’une formation ouverte au monde. Il se souvient du français, mais n’en fait pas usage. Alors qu’il aurait pu, avec cette langue, créer un pont ou passerelle ver un autre, vers une altérité, il préféra, par paresse ou tout simplement par un manque de délicatesse, il préféra l’oublier.

Il ne voulait pas me voir, mais voulait qu’on le voie (par internet) et comme je suis curieux je suis allé à sa rencontre.

Il dit : j’ai beaucoup de choses à te montrer, mais elles sont en bas, je vais vite les chercher !

Il y va, il revient, chargé de quelques feuilles, de dessins, d’un classeur à moitié vide où à la fin il y avait les germes d”une possible géographie.

Je m’étonne

J’essaye de construire :

même si c’est peu

on peut toujours construire.

Je vois sa pauvreté

en monde

et pourtant

tous les ans

il fait

le tour

du monde

peut-être que s’il le faisait seul, ce tour, peut-être qu’alors il pourrait établir (sans aucun intermédiare) établir un contact direct et authentique avec le monde tout au tour du monde alentour

Daniel Peñaranda Restrepo

 


 

El Mito de la razón

Sobre el proyecto final de grado de Alberto Miani

Como se lo dije a Alberto, o Renato, que es su primer nombre, su tesis bien pudo titularse La Tesis de las sillas, La silla que fue tesis, La razón es el mito o como completó Lucas Ospina en relación a mi comentario, El timo de la razón. Y no se lo dije porque hubiera una mejor forma de llamar al proyecto sino porque el título, en sí, al igual que el contenido del documento, invita al juego. O así lo vi yo. Como una partida en la cual el estudiante deja que el lector, luego espectador de su trabajo, decida qué elemento se asocia a otro, cuáles son las razones que motivan su quehacer como artista, qué tiene que ver una silla con una vaca y cómo lo ven sus compañeros y amigos en medio de esa búsqueda por producir cosas plásticas, gráficas e incluso escultóricas o instalativas. Y ese método, llamémoslo entre la lúdica y la ironía, me parece valioso. Como también me parece valioso que, y me lo hizo ver el otro jurado que se unió a la charla (Nicolás Gómez), lo que uno vea en la tesis de Miani, más allá de su rigor en las proporciones, de su limpieza en el montaje o de la idea misma de que una silla sea a su vez parte del soporte estructural de un espacio, es una producción constante y fructífera de sus años universitarios. Lo cual es una estrategia honesta y sincera que, más allá de la ironía o del pensar contemporáneo, lo que está mostrando es lo que cualquier profesor y artista quiere ver en un estudiante: alguien inquieto, obsesivo, apasionado y cuya real preocupación sea hacer, pensar, organizar, archivar y dejar que el tiempo (ojalá en el taller) sea el que le diga cosas. Algo así como aceptar una deriva productiva (o improductiva) que no necesariamente trae clarividencias sino todo lo contrario, dudas y preguntas. En ese sentido el trabajo es consistente, denota rigurosidad y deja abiertas infinitas y valiosísimas incertidumbres. Mi consejo, desde la distancia que significa este texto: seguir trabajando, tan sólo eso. De manera inteligente y sin pensar que hay que estarse blindando continuamente, tal vez con la ironía, ante todo aquello que no es arte, que tal vez son normas o discursos, que tal vez son vicios sociales, pero que pueden, como casi todo, permear para bien un cuerpo de trabajo que sin duda será de largo aliento.

Daniel Salamanca Nuñez

 


 

El Mito de la Razón – Alberto Miani

 

Allá en otros tiempos (y buenos tiempos que eran), había una vez una sillita (¿mu?) y una vaquita muda escondida.

Este era el inicio del cuento que Alberto Miani le contaba a los espectadores que visitaban la exposición “El Mito de la Razón”, con sus obras.

La silla, leitmotiv, aparecía como elemento recurrente en dibujos, pinturas, objetos y en una importante intervención arquitectónica que convertía el espacio de la sala de exposiciones en una gran escultura habitable. En muchos años que llevo visitando la Sala de Proyectos, tal vez sea el primer proyecto que defienda la pertinencia del espacio como una real propuesta de intervención in situ sustentada con una interesantísima serie de relaciones proporcionales en las que se fundamentaba el planteamiento general de concepción del espacio de montaje.

En el ejercicio de lectura que plantea este proyecto, y que pone en contrapunto a la escritura con la creación de imágenes, es como si se nos quisiera comprobar que los caminos de lectura de las imágenes son infinitamente múltiples al contrario de lo que sucede con la lectura de los escritos, y que Alberto Miani insiste, en su texto, solo pueden proponer un camino.

Alberto dibuja unas vaquitas y las esconde, bien escondidas. En cada vaquita están todas las vaquitas, así como en cada silla están todas las sillas, y en cada vaquita están todas las sillas así como en cada silla están todas las vaquitas. La razón, como en matemáticas, supone aquí una relación binaria entre silla y vaquita, donde la silla es a la vaquita como la vaquita, a la silla.

Después, y por casualidad, los dos, también como en una relación binaria, Alberto y yo, nos encontramos leyendo un texto de Joyce que empieza con la presentación de una vaquita que iba por un caminito. Aquí Alberto empieza a hilar un texto en el que la relación binaria se establece entre la vaquita y el caminito, en donde la vaquita es a la representación como el caminito al lenguaje.

Como en cada vaquita están todas las sillas, en contrapunto, la relación binaria que se instauró en la exposición fue entonces entre la representación de la silla y la lectura. Una extensa conversación entre Alberto Miani, dos jurados y dos asesores, que habría podido ser interminable, parecía ser la comprobación de su teoría de que la lectura de la imagen propone infinidad de caminos mientras que la lectura del texto propuso uno solo, el camino de la razón como mito o el mito de la razón, el mito de las relaciones binarias. Y de las relaciones binarias, entre otras, entre la del tiempo, aquel tiempo de los tiempos aquellos y la del tiempo, espacio de la representación o tiempo de lo que se presenta nuevamente.

La conversación entre Alberto Miani, los jurados y los asesores, me dejó con el vacío que deja una conversación cuando solo se mueve en el plano de las actitudes críticas.

“W. J. T. Mitchell piensa que la respuesta humana a la representación es dirigida por una doble conciencia que se debate entre las creencias mágicas y las actitudes críticas”, escribe Alberto Miani en su texto. Las creencias mágicas son a la relación con “el Otro” como las actitudes críticas son a la relación, como observadores, con los otros. Si indagamos un poco sobre Mitchell, la teoría de Mitchell se basa en la relación entre lo visible y lo legible. Si lo legible se queda solo en las actitudes críticas ¿no es lógico que quede un vacío?

Me quedé con una pregunta: ¿Las múltiples representaciones de la silla que se presentaron en este proyecto provenían tan solo de actitudes críticas, al punto que lo legible solo podía moverse en el campo de las actitudes críticas?

Beatriz Eugenia Díaz

 


 

El Mito de la Razón

El trabajo de Miani fue en la Sala de Proyectos del Departamento de arte de la Universidad de los Andes. Él insistió en usar las proporciones arquitectónicas de este pequeño salón rectangular para hacer un montaje bien cuidado que cruzó datos físicos externos con operaciones mentales internas que lograron un feng shui curatorial calibrado al detalle. En torno al arquetipo de lo que es una silla hizo una larga serie de dibujos y variaciones gráficas hechas a una escala liliputiense y enfrentadas a un solo mueble de cuatro patas gigante que usaba la viga vertical de la sala como complemento de la estructura. Los diversos cruces entre diseño y arquitectura generaron una fábula gráfica tan contenta como escéptica sobre la ambigüedad del lenguaje, un muestrario amplio de cuadros dentro de cuadros, marcos dentro de marcos y modos de representar el mueble básico y primigenio. Miani es una persona que actúa como artesano, artista y mente maestra en esta función de axiomas gráficos, de absurdos y paradojas, de equivalencias y correspondencia precisas y poéticas entre unas cosas y otras. Por momentos toda la empresa bordea la simpleza del que piensa que ya piensa por estar pensando, una tautología donde el artista queda atrapado en una inteligentada, pero una mirada en detalle deja ver afectos: un temblor de mano o una intención demasiado expresiva, o la inclusión de una silla “Rimax” pintada o tocada y retocada en un montaje digital, hacen pensar en alguien que gusta de hacer cosas con sus manos y que gusta de mirar lo hecho bajo un amplio espectro de interpretaciones (desde la tradición romántica del hacer solitario hasta la ironía de un kitsch más gregario). El artista mató el mito del artista pero lo mantuvo en la cárcel jovial de sus jeroglíficos delirantes, sobrevivió a la administración de las rutinas propias y le hizo el quite al dedito de una que otra jerarquía académica asentada que intentó desviar su proyecto de sitio específico al espacio de la rutina universitaria. Miani, con razón y sinrazón, se salió con la suya.

Lucas Ospina Villalba

 


 

Un discurso para otro*

Alguna vez Miani me contó que cuando una profesora le había preguntado de qué se trataba su trabajo, él le había dicho que era el mismo ejercicio que el de los perros cuando se persiguen la cola. Nunca me dijo qué había querido decir con eso. Quizás, al igual que los perros, está buscando el movimiento. Sin embargo, la paradoja está en que es un movimiento circular pero que no se ve repetitivo: es un juego que permanece abierto e indefinido. Si bien la intuición guía a Miani hacía una serie infinita de formas que se hacen sillas, la precisión de sus métodos las hace finitas, les da un contorno y las hace rígidas. Su movimiento es el de alguien que se va por un camino y regresa por él después de haber buscado otro, es la promesa que se hacen los perros: encontrar una alternativa.

Gadamer decía que la particularidad del arte estaba en que la obra no estaba concebida para el uso, sino que su significado se manifestaba en su forma. La pura realización del movimiento es esta. Las sillas que Miani representa intentan no estar listas para usarse, se oponen a la utilidad: no están ahí para otra cosa distinta que para estar ahí. Nadie puede sentarse en ellas ni llevarlas de un sitio a otro, solo pueden ser miradas. Por eso creo que la obra denuncia que la mirada es movimiento. Si nos acordáramos más a menudo que obedecemos a las imágenes, nos daríamos cuenta de que cuando nos hundimos en la tarea de observar nos perdemos de nosotros mismos: estamos en una instancia en la que debemos separarnos de la idea de utilidad. Miramos las cosas para volvernos uno con ellas, para entender que la forma en que miramos el mundo orienta la manera en que nos disponemos en él.

Estas series de dibujos rechazan la idea de que mirar es pasividad. Más bien, conducen, como dice Camus, a la idea de que pensar es aprender de nuevo a ver, a estar atento. A retomar la ilusión de que mirar es hacer de cada imagen un lugar privilegiado.

José Fernando Rengifo

* Texto sobre las series Falsas Semejanzas, Campos de dispersión y Un discurso para sí mismo.

 


 

La silla es el motivo y modelo principal en la obra de Alberto Miani. A través de su análisis de este mueble, es posible hablar de las personas que lo utilizan. En este sentido, la silla habla de todo aquel que se sienta sobre una de ellas. A través de la obsesiva repetición el artista expande las posibilidades de un solo motivo en sus dibujos, pinturas y esculturas y cuestiona verdades dadas. Aunque siempre dibuje lo mismo, no significa que siempre piense lo mismo o que se este refiriendo a lo mismo. Es en las diferencias de papel, trazo, tamaño, color y disposición de las sillas que el artista –consciente o inconscientemente- muestra su intencionalidad.

Valentina Gutierrez Turbay

 


 

A LOS ARTISTAS PREFIERO VER LOS MUERTOS

Y sino hablamos de vanguardias?

La vanguardia está hecha de muertos.

Existe la idea de capturar el estado del arte del Arte con exposiciones como si fueran muestras demográficas. Para eso los salones universitarios, los salones de arte joven, los regionales, los encuentros hemisféricos, los pabellones nacionales, etc. Por ejemplo está la exposición del New Museum de Nueva York que se llamó “Younger than Jesus”, en el que se exhibía un montón de obras de artistas menores de 33 años y provenientes de todo el mundo. Seguramente la selección pasó -además del tipo de obra- por un porcentaje adecuado de mujeres, una modesta representación queer, afrodescendientes seguro tuvo que haber varios, un grupo nutrido de etnicidades orientales, representaciones religiosas, en fin. Los programas estatales de Artes promocionan y celebran la diferencia, dividen por trayectorias, estimulan los intercambios culturales. La mercadotecnia del Arte reconoce el potencial lucrativo de encontrar patrones de consumo asociados, por supuesto, a las identidades, pero también a las franjas etarias, las orientaciones ideológicas, los acabados formales, etc. Los artistas por su parte -trabajen solos o acompañados- tienden más bien a juntarse por sus escuelas o alrededor de unas ideas, por simpatía, por amor o por conveniencia, pero mucho tiempo se reúnen alrededor de botellas. La noche, y sobretodo las madrugadas los mantienen cercanos. Es en la intensidad de la fiesta donde quizá mejor se vea su naturaleza como grupo, si eso es posible. En esta exposición hicimos una muestra demográfica de un grupúsculo de artistas que entre muchas otras cosas, comparte la fiesta. La hicimos a manera de ensayo para ver una imagen grande, íntimamente ligada a unas preguntas, hechas a otra generación de artistas, sobre la vida de artista, la educación, la amistad, las referencias a la historia del arte, la autoría, la plata, la duda y el silencio. Las conclusiones nos las reservamos, las hipótesis están a la vista, las especulaciones bienvenidas.

  • EL TRABAJO ES METÓDICO PERO INTUITIVO, REMITE AL MOVIMIENTO CIRCULAR DEL JUEGO COMO ALTERNATIVA AL TRABAJO ÚTIL.
  • LA OBRA ES UN IRÓNICO INTERCAMBIO DE SEMEJANZAS, REVIVE RECUERDOS VALIOSOS A LA VEZ QUE CREA UN CONJUNTO DE EVIDENCIAS.
  • LA NECESIDAD DE COMPARTIR OPONE EL ESPACIO DE LA CONVERSACIÓN AL DISTANCIAMIENTO DE LA SOLEDAD.

INTENCIÓN / INTENSIDAD

ACUMULACIÓN / DERROCHE

ECONOMÍA CAPITALISTA / ECONOMÍA DE FIESTA

TRABAJO / JUEGO

DELIMITAR / DESDIBUJAR

EXPOSICIÓN /CONCEPCIÓN

CONSUMO / CREACIÓN

CONCENTRACIÓN / DISPERSIÓN

SINCRONÍA / DIACRONÍA

 * Texto curatorial para la exposición REMATE. Galería SGR, Bogotá. Febrero 2017

Nicolás Vizcaíno & Alberto Miani